domingo 15 de noviembre de 2009

¿Un beso?

En mi mundo la gente se besa, se abraza y se toca.

En mi mundo nadie lleva toallitas desinfectantes y se lava las manos con jabón de crema.

En mi mundo la gente que tose no se va corriendo a urgencias.

En mi mundo la gripe es gripe. Nada más.

Luego pongo las noticias y me pregunto cuándo ha ocurrido. En qué momento fui abducida por extraterrestres que me llevaron a otro planeta sin yo saberlo. Aunque me dejaron la TDT para que siga informada de cómo sigue aquél que antes era mi mundo.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Mis pecados literarios (con permiso de Verónica)

No he sido nunca de copiar, la verdad, ni cuando iba al cole porque siempre he tenido la impresión de que un ente invisible me vigilaba y sabía todo lo que hacía. Sin embargo, una va creciendo y descubre que los únicos entes invisibles son los virus y que a esos les importa un pepino si copias o haces calceta. Leyendo el blog de Verónica Sukaczer me han dado ganas de copiarle un post y escribir sobre

MIS PECADOS LITERARIOS

Intento no escribir. Lo evito siempre que me es posible y cualquier excusa es buena: tengo sueño porque he madrugado, con dos horas no es suficiente, la cocina necesita un repaso, ¡qué bonito es mi salvapantallas!

Nunca acepto encargos, hago como que sí, pero nunca escribo lo que me piden y acabamos “dejándolo para más adelante”.

Estoy siempre presente en todo lo que escribo, ya sé que eso no se hace, pero me da igual.

Hablo con el lector, también sé que no se hace, pero es que si no me aburro.

Podría escribir sin ordenador, sin máquina, creo que podría escribir, incluso, sin papel, pero no puedo escribir sin una taza al lado. De café, por supuesto.

Adoro mi primer libro, incluso he llegado a creer que La casa grande existe y quiero ir a visitarla.

He leído a los clásicos y algunos, incluso, me han gustado. No diré cuales.

Leo muy, muy, muy despacio. Tardo mucho en acabar los libros que escojo. Suelo cerrarlos y quedarme pensando en lo que acabo de leer y eso ralentiza mucho la faena. Si no lo cierro, es que no llega allí a donde debe llegar lo que leo.

Tengo una gran debilidad por el siglo XIX. Lo he idealizado.

No me gusta Chejov.

Me encanta Wilde.

¿Verónica es una pésima vendedora de sí misma? ¿Después de pésimo que viene? Y, sí, eso es muy malo para esto de la literatura. Y es que hay por ahí un montón de escritores con una capacidad comercial admirable.

Otra cosa en la que soy mala es en las revisiones. Cada vez que reviso una novela, me sale otra. La que estoy escribiendo ahora es la quinta versión de una idea original que ya apenas nada tiene que ver con sus orígenes.

Yo también me siento frente al PC y juego al Spider o a Los Sims para no empezar a escribir.

Tengo dieciocho principios de novela en una carpeta llamada “trabajando”.

Siempre digo que voy a presentarme a concursos a los que luego llego tarde.

Compro libros, los leo y si no me gustan los regalo. He regalado cajas llenas de ellos, algunos con muy buenas críticas.

Me siento obligada a enviar mis novelas a editoriales, pero siento un profundo regocijo cuando me rechazan. En el fondo siempre he sabido que no sirvo para esto.

Me aburren mortalmente las presentaciones de libros. A veces, he sentido vergüenza ajena.

Lucho por no ser de esos “escritores” que solo saben hablar de lo que escriben. ¡Qué pelmazos! Prefiero la conversación de un albañil explicándome cómo alicatar un baño.

Canibalizo a mis semejantes. Escucho mucho a los demás. Interiorizo sus cotidianidades y las guardo ocultas en mi cerebro. Y un día se convierten en una historia que no deja de aguijonearme hasta que la escribo.

En catalán hago castellanismos y, en castellano, catalanismos. Me resulta inevitable.

Yo también uso el diccionario de sinónimos del Word. Y el diccionario de la Real academia. Y el panhispánico de dudas. Y Google. Y Google street view. Y la Wikipedia.

Por cierto, ¿sabíais que tenemos tres preposiciones nuevas? Durante, mediante y via...

viernes 2 de octubre de 2009

Una larga conversación

Hace ya 23 años y le sigue pareciendo gracioso que ocurriese en una librería. A punto de pagar uno de Julio Cortazar porque quería recuperar la afición a la lectura que sus profesores habían matado a fuerza de insistencia y libros mal escogidos. Se giró y la besó. La cajera les miraba con cara de vergüenza ajena, era evidente que era el primer beso y Abacus no era París, precisamente. A ella le temblaban las piernas y, quizá, a él también. De hecho, aún le tiemblan a veces. Habían superado dos noches en Rupit dentro de una tienda de campaña y una en Rubí, en habitaciones separadas, pasándose notitas por debajo de la puerta. Pero lo que más costaba arriesgar eran los dos años de amigos. Esos que se lo cuentan todo sabiendo que al otro lado hay alguien que escucha y no sólo oye lo que decimos. Era mucho lo que se jugaban apostando al 2.

-Supongo que tenemos que hablar –le susurró al oído mientras esperaba el cambio.

Ella asintió.

Y ha resultado ser una larga conversación.

Imágenes: Rafal Olbinski


miércoles 23 de septiembre de 2009

En ninguna parte

Anoche tuve un sueño. Soñé que estaba viva.

En un momento me salí del cuadro y caminé hacia aquel paisaje conocido donde una vez fui. La hierba me hacía cosquillas en la planta de los pies y el olor a tierra mojada me estremecía de placer. Seguí caminando, no debía temer al cansancio, ni tampoco a no llegar a ninguna parte. Ya estaba en ninguna parte.

El camino era estrecho, los árboles que lo flanqueaban eran altos y movían sus brazos, repletos de hojas, al compás del viento. Me miré y vi que estaba desnuda, pero no sentía frío. Yo era el frío.

Quería seguirte. Seguir caminando y llegar a alguna parte, cansada de que el camino siempre acabase con el sueño, quería seguir soñando y vivir por ello de nuevo.

Era inútil. El sueño terminó y me encontré de nuevo en esta triste habitación llena de antiguos recuerdos de otra vida. Recuerdos y objetos que sólo puedo contemplar.

Morí aquel día. Y es un justo castigo por mis actos estar viva para contemplar mi lenta e inexorable muerte. Sin que nadie pueda rescatarme. Sin que nadie se compadezca de mí. Morir cada día al abrir los ojos…

sábado 29 de agosto de 2009

... el psicólogo

-Buenos días.
-Buenos días. ¿Qué tal tus vacaciones?
-Bien.
-¿Te han servido para desconectar?
-¿Desconectar de qué?
-Del trabajo.
-Ya me fui desconectada de casa.
-Bueno, pues para desconectar de la rutina.
-Para eso sí.
-¿Te ha gustado?
-Psse.

Silencio

-¿Y cómo vas de lo tuyo?
-¿A que te refieres?
-A tu obsesión por el tiempo.
-Bien, se cría sana y fuerte. La obsesión, digo.
-¿Has escrito algo estas vacaciones?
-Más bien me he dedicado a desescribir.
-Explícame eso.
-Llevo un par de años con una novela, ya lo sabes. Tengo clara la historia, dibujados los personajes, desarrollada la trama, pensado el final, decidido el principio…
-¿Y entonces?
-Me falta la novela.
-No te entiendo.
-¿Sabes lo de Pandora?

Fruncido de ceño

-Sí, hombre, que se pasaba el día tejiendo y la noche deshaciendo
-Esa era Penélope.
-¿La del bolso de piel marrón, zapatitos de tacón y vestido de domingo?
-Esa es de Serrat.
-Me gusta mucho Serrat. Bueno me gustaba más antes, cuando cantaba a su pueblo blanco y al Mediterráneo.
-Centrémonos.
-Lo que quería decir es que soy incapaz de hilvanar todo lo que tengo escrito y no hago más que cambiarlo. Verás, es una historia que se desarrolla en la actualidad, pero está relacionada con otra que ocurrió hace mil años.

Asiente como si comprendiera

-Los personajes del pasado no se conforman con aparecer en la sombra y me exigen más protagonismo, así que decidí darles capítulos alternos: pasado, presente, ya me entiendes.
-Sí, sí, claro.

Demasiada vehemencia

-¿Ves?
-¿Qué?
-Que eso va a ser un lío. Así que he decidido hacerlo de otro modo y dejar que el presente adquiera todo el protagonismo y que el pasado se descubra gracias a la trama.
-Muy bien.
-Pues no, porque a mis personajes medievales no les gusta la idea y no me dejan continuar.
-Cuando dices que no te dejan continuar hablas metafóricamente ¿no?
-No oigo voces si es lo que te preocupa.
-Supongo que esto es lo que les pasa a los escritores.
-¿Y por qué lo supones?
-Las suposiciones suelen basarse en conocimientos previos.
-¿Tú siempre hablas así?
-¿A qué te refieres?
-Déjalo.
-Quizá en tu comportamiento con esta novela se esconde el deseo oculto de dejar de escribir. Quizá no quieres acabarla para no tener que empezar otra. Quizá tu subconsciente te esté diciendo algo…
-Mi subconsciente tiene línea directa con mi conciencia.
-Eso no es posible.
-Mira ahora mismo se está comunicando conmigo.
-¿A sí? ¿Y qué dice?
-Que vaya sacando el monedero porque está a punto de acabarse la hora de visita.